8 feb. 2010

CAMPAÑA ANTI-TRIBALL

+TODO POR LA PRAXIS
NUESTRA APORTACIÓN A LA CAMPAÑA ANTI-TRIBALL
A principios de 2008, con el titular Triball compra un barrio se presentó a la ciudadanía el proyecto Triball. Bajo estas siglas se esconde una maraña de empresas cuya actividad durante estos meses se ha centrado en la compra de locales en el centro de Madrid. Las calles de Ballesta, Desengaño, Barco y otras que abarcan desde Gran Vía hasta el barrio de Malasaña son ahora de Triball. De la fachada de más de 50 locales de esas calles cuelga un cartel que los identifica como propiedad de Triball.
La presencia policial en la zona se ha intensificado, ahora hay cámaras de vigilancia y el ayuntamiento se prepara para convertir en peatonales algunas de esas vías. Todo el que parece extranjero que se topa con la policía se ve obligado a enseñar su documentación. Los locales de alterne que han estado presentes en esas calles en los últimos lustros han sido comprados por Triball
Además de comprar numerosos locales en la zona, Triball ha organizado una carrera popular, conciertos, mercadillo, y ha invitado a artistas y diseñadores a ocupar sus espacios organizando exposiciones, show rooms y tiendas de moda. A estos diseñadores se les ha ofrecido la posibilidad de adquirir los locales que ocupan convirtiendo así esta iniciativa en una promoción encubierta de pisos piloto.
Triball se niega a alquilar los locales que ha comprado a nuevos negocios ligados a la prostitución y a ciudadanos, principalmente chinos o latinoamericanos, que opten por abrir tiendas de alimentación o locutorios. “Porque ese tipo de negocio no encaja en la filosofía de barrio que pretendemos extender”, explica Eduardo Moreno, presidente de la firma. El objetivo es hacer de este barrio una especie de Soho londinense.
La intención última de este proyecto es puramente mercantilista. El objetivo real de Triball no tiene nada que ver con la imagen que intentan proyectar: La recuperación y revitalización de un barrio adornada con contenidos culturales. Las declaraciones impúdicas de uno de los socios de Triball desvelan sus intenciones. Miguel Ángel Santa Ibáñez declaraba: “Queremos recuperar una zona de Madrid para darle valor”. Evidentemente este valor no es simbólico, ni de uso, es puramente mercantil: Cambiando la cara del barrio subirá el precio del metro cuadrado del suelo. Y los beneficios serán para sus nuevos dueños: Triball.
No nos engañemos. Triball no es una organización filantrópica que acoge y apoya a artistas y diseñadores. Es una inmobiliaria como otra cualquiera que se sirve de las armas del marketing urbano para poner en práctica un arquetípico plan de gentrificación, que supondrá la expulsión de los vecinos de la zona y repercutirá de manera determinante entre sus habitantes.
Y cuando el negocio se termine se irán a otra parte abandonándolo a su suerte porque ¿conoce alguien la historia del Soho londinense? Un barrio degradado, lleno de putas, yonquis, que fue recuperado por un grupo parecido a Triball, convertido en lugar de acogida de artistas y diseñadores y que ahora se encuentra vacío, desestructurado, sin yonquis, sin putas, sin artistas, VACíO. La historia se parece ¿verdad? ¿Es este el modelo que queremos seguir.
Publicado por Todo por la Praxis en http://antitriball.wordpress.com/
Este cartel es nuestra aportación a la campaña antitriball.

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